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El derecho y los retos de las nuevas tecnologías

 

Gracias a su acelerado desarrollo, las tecnologías de la información y de la comunicación desempeñan un papel cada vez más relevante en todas las facetas de la vida cotidiana, entre ellas en la enseñanza y la aplicación de las disciplinas académicas, lo cual les exige a estas la constante adaptación a los lenguajes y formatos tecnológicos. En el caso del derecho, esta necesidad de innovación se hace especialmente visible en lo que se refiere a la defensa de los derechos del consumidor en la realización de trámites jurídicos en línea y al uso de la inteligencia artificial en las transacciones comerciales que se efectúan mediante la red, entre otros aspectos.

Con el fin de conocer sus puntos de vista al respecto, EL NEOGRANADINO entrevistó a dos expertos que, en el mes de abril, con motivo de la celebración de las Jornadas de Derecho Privado, organizadas por la Oficina de Extensión y Proyección Social de la Facultad de Derecho, visitaron la Universidad Militar Nueva Granada.


La enseñanza del derecho en el mundo virtual

Para Federico Castellanos Gómez, abogado litigante con especialización y maestría de la Universidad Nacional de Colombia en Derecho Privado y Económico, y coordinador del grupo de investigación Derecho y Economía: Comercio Silencioso, de la misma universidad, la relación entre la tecnología y el derecho implica un gran reto para los profesionales de esta disciplina, que deben encontrar la manera de reducir el conservadurismo que aún caracteriza a la abogacía, de modo que, en lo que tiene que ver con la práctica de esta profesión, el paso del papel a lo virtual no sea demasiado traumático.

EL NEOGRANADINO (E. N.): Una de sus áreas de estudio es la transición de cierta concepción tradicional del derecho hacia una que está muy involucrada con las nuevas tecnologías. ¿Cómo considera usted la situación, en este momento, de los estudiantes de derecho, que son diestros en el manejo de estas tecnologías, pero que también tienen que asimilar un cuerpo de conocimientos que todavía está registrado en libros y en referencias tradicionales?

FEDERICO CASTELLANOS GÓMEZ (F. C. G.): Los estudiantes están viviendo el cambio de un formato análogo, un formato en papel, a uno digital, con el que se encuentran más familiarizados, por lo cual, este cambio no les resulta tan traumático, como sí lo es para los docentes y las propias instituciones de educación. Sin embargo, día a día estamos desarrollando información, porque el reto es para todos, que consiste en desarrollar formatos visuales y digitales que apoyen el proceso educativo.

La resistencia cultural puede existir en el sistema jurídico colombiano, pero, poco a poco, la tecnología la superará, de manera que, dentro de aproximadamente cinco años, los estudiantes se integrarán en un sistema judicial totalmente digital. Por lo tanto, no es tan imperativo que utilicen los materiales impresos, que, aun así, ofrecen algunas ventajas y virtudes que son innegables, como la concreción de la información, la concentración y la interacción con este formato.

E. N.: Usted aborda también el concepto de la noología, asimilable al fenómeno contemporáneo de la posverdad, a causa del cual no existe total certeza acerca de la veracidad o la falsedad de la información que circula en el mundo virtual. ¿Cuál es su recomendación para que los estudiantes de derecho sepan escoger fuentes de información confiables para el ejercicio de su carrera?

Federico Castellano Gómez, abogado e investigador

 

F. C. G.: Particularmente, tomé el término «noología» de los trabajos de Edgar Morin relativos a la educación para el nuevo milenio. Él describe la noología o el imprinting social como la forma en la que las sociedades de la comunicación reproducen ciertas tendencias ¿ciertas mentiras¿, hasta tal punto en que son aceptadas socialmente y se convierten en verdades. La dificultad implícita en la noología radica en que si las personas carecen de un criterio para comparar, así como de un pensamiento analítico y de una iniciativa para contrastar y criticar la información que reciben, vamos a tener miles de ciudadanos que se dejan manipular fácilmente y que no van a tener una conciencia y un pensamiento propios. 

La primera prevención al respecto es, con independencia de cualquier tipo de tecnología, el desarrollo de un pensamiento crítico. Por lo tanto, la prioridad es, en general, aprender a criticar la información disponible. En términos propiamente jurídicos, es primordial para los estudiantes de derecho entender que, en Colombia, estamos en un sistema en el que las fuentes del derecho son la ley, la doctrina y la jurisprudencia. Entonces, para ellos va a ser muy importante saber que la ley no es equiparable a la cantidad de información que puedan recibir en muchos lugares o numerosas páginas web. El estudio de la ley tiene que ser el fundamento de todo el pensamiento jurídico y técnico.

Ahora bien, en cuanto a la ley, ¿dónde encontrarla? En primer lugar, en los sistemas o las fuentes de información oficiales, es decir, las páginas del Estado, porque he visto que, a veces, se nos olvida verificar de dónde proviene la información, y eso hace que una ley publicada en cualquier lugar se equipare con la registrada en los portales estatales. En segunda instancia, es indispensable contrastar y actualizar la información; en este sentido, no solo se trata de tomarla, sino también de comprobar que es la correcta y de confrontarla con otras fuentes.

Hoy en día, el problema es que la información está disponible para todos, lo que exige desarrollar un pensamiento autónomo, lo cual es difícil de lograr, incluso, con la ayuda de los computadores, que carecen de la capacidad de desarrollar este tipo de pensamiento, para el que son inherentes la razón, la lógica y los sentimientos. Pese a que tienen un funcionamiento lógico-formal, los computadores no pueden, todavía, razonar, acto que implica sentir y resolver, de manera instantánea, los problemas de la vida diaria.


La protección de la privacidad y del consumidor en la era de la inteligencia artificial

María Lorena Flórez Rojas, abogada y profesora de la Facultad de Derecho y directora del Grupo de Estudios en Internet, Comercio Electrónico, Telecomunicaciones e Informática, de la Universidad de los Andes, con maestría en Derecho y Tecnología de la Universidad de Tilburg (Holanda) y doctorado en Derecho de la Scuola Superiore Sant'Anna (Italia), se ha especializado en el estudio del empleo de la inteligencia artificial en las relaciones comerciales que se entablan en el ciberespacio, así como en los desafíos que dicha herramienta, todavía en una fase temprana de su desarrollo, plantea en cuanto a la defensa de la privacidad y del consumidor.

EL NEOGRANADINO (E. N.): En el contexto de las transacciones comerciales en línea, una de las principales discusiones es la referente a la asimetría existente en la relación entre el consumidor, que suele saber poco acerca del producto o servicio que adquiere, y el proveedor, que, por el contrario, posee mayor información. ¿Cómo puede el consumidor contrarrestar ese desequilibrio y qué papel desempeñarán los futuros abogados en este aspecto del comercio virtual?

María Lorena Flórez, directora del Grupo de Estudios en Internet, COmercio Electrónico, Telecomunicaciones e Informática (Universidad de los Andes).

 

MARÍA LORENA FLÓREZ (M. L. F.): Yo creo que, en esa relación, los consumidores no están desprotegidos, por varias razones. En primer lugar, disponen de los mecanismos que les otorga el Estatuto del Consumidor [Ley 1480 del 2011] para defender sus derechos frente a cualquier proveedor, tanto en internet como en cualquier establecimiento comercial; en segundo lugar, tienen el poder, aún más efectivo, de las redes sociales. Si yo no quiero que los sistemas automatizados que los proveedores usan me afecten, yo también tengo que cuidar mi información en línea, y puedo despistar a los proveedores y afirmar que ciertos productos o servicios que me ofrecen me gustan, cuando en realidad no me llaman la atención.

Estas son tácticas a las que el consumidor puede recurrir para evitar ese profiling, o perfilamiento, de su identidad en internet. A muchos usuarios les gusta que ese profiling sea lo más adecuado a sus preferencias, mientras que a otros no; esto conduce a que estos últimos deben empezar a utilizar las herramientas que la tecnología y la ley les ofrecen para no ser objeto de ese perfilamiento. Así, en modo incógnito, pueden hacer búsquedas en internet, borrar sus preferencias o restringir el acceso a su privacidad en las redes sociales. También es recomendable hacer barridos de información en estas, y preguntarse cada vez que se vaya a publicar algo: una foto, la localización o el destino en los aeropuertos, por ejemplo, si la información que se comparte en línea es realmente necesaria o si es posible que los proveedores la usen con fines desconocidos.

Considero, entonces, que el consumidor debe comenzar a ser más responsable en cuanto al manejo de sus datos en internet, en calidad de consumidor y de usuario de su propia información.

E. N.: Dadas las crecientes aplicaciones de la tecnología en las disciplinas académicas, los estudiantes de derecho deben aprender no solo lo relativo a esta área, sino también lo relacionado con la informática y los sistemas. ¿Cómo pueden las facultades de derecho y sus alumnos estar al día tanto en las ciencias jurídicas como en los avances de las nuevas tecnologías?

M. L. F.: Creo que en este aspecto hay que afrontar tres situaciones. La primera, cómo deben cambiar y cómo se deben modernizar las facultades de derecho colombianas en relación con los retos de las nuevas tecnologías. La segunda, cómo son los planes de estudio de estas facultades, es decir, cuáles son las características de los abogados que se están graduando en la actualidad y las de aquellos que empezarán a ejercer dentro de diez años, porque al cabo de ese lapso no se necesitarán abogados conservadores y tradicionalistas, sino que el mercado exigirá otro tipo de profesionales que no solo sepan qué es la tecnología, sino también que conozcan cómo usarla.

Por último, todas las áreas del derecho deben cambiar, pues tienen implicaciones tecnológicas: blockchains [cadenas de bloques], economías compartidas, inteligencia artificial y machine learning [aprendizaje automático], entre otras. Todo, en general, desde el título I del Código Civil, referente a qué es una persona, hasta lo más recóndito de la responsabilidad civil extracontractual, va a cambiar con la irrupción de innovaciones como la inteligencia artificial y los vehículos automatizados, de modo que la sugerencia para las facultades de derecho es modificar y modernizar la enseñanza de su ciencia, así como sus planes de estudio.